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Saetas y lamentaciones
Teobaldos
PAMPLONA | 02·04·26 | 17:23
La Coral de Cámara de Pamplona y la Academia del Piacere nos descubren la faceta religiosa del compositor hispano estadounidense Carlos Suriñach, a quien situamos, los aficionados al ballet, en algunas coreografías de Martha Graham. La gran dama de la danza contemporánea, que estuvo en Pamplona, en el Anaita, en 1986, siempre fue muy reivindicativa en lo social y femenino, así que Suriñach encaja muy bien en sus coreografías. Los 15 números del Via Crucis, que Suriñach nos ofrece, son como quince saetas-flechas, que hacen pensar en los desplazados que no tienen dónde ir, salvo a su Gólgota. Entre el desgarrador canto, (con controladas disonancias), se van intercalando, a modo de bálsamo y meditación, fragmentos de Buxtehude, Bach y Lotti.
Así que el planteamiento del concierto se basa en el profundo contraste de las dos músicas; a las que además, se suma el flamenco de la guitarra, y el sonido celestial, a veces doliente, de cuatro violas de gamba (más percusión y órgano positivo). La idea fue llevada a buen puerto con una dirección impecable de Gálvez P. y con un coro muy solvente, que dominó tanto la música contemporánea, ya de tradición en la Coral, como los corales barrocos. Los solistas funcionaron bien (Huarte, Señas, Olaso, Jiménez, Hoyos, M-Lasalle), y las respuestas de todo el coro a sus intervenciones siempre fueron rotundas: imprecatorias en el Eli, Eli; con matices en piano, a capella; dulzura en los corales; y sobre todo, con seguridad en las entradas, algunas muy ingratas y descarnadas. Quizás hubo excesivos tiempos muertos: resolviendo la logística del coro, yo hubiera hecho todo attacca, o sea contrastando la meditación con el sobresalto, y viceversa; y terminar con el Jesu meine Freude, ante ese coral solo cabe el silencio. F. Alqhai y su ensemble, en su línea de hermoso sonido.